En un entorno donde la prevención de riesgos laborales ha sido históricamente concebida en torno a un modelo masculino, se hace imprescindible repensar y adaptar nuestras políticas y medidas preventivas. En Prevensis, con más de 20 años de experiencia y una metodología centrada en el cambio de mentalidad, apostamos por una cultura de seguridad que integre la diversidad y reconozca las necesidades específicas de cada persona trabajadora. Este informe analiza cómo ciertos riesgos, a menudo invisibilizados, requieren una mirada de género para lograr transformaciones reales y duraderas en la prevención.
1. Equipos de protección individual inadecuados
Durante décadas, los EPI se han diseñado con base en medidas antropométricas masculinas. Esta falta de adaptación puede derivar en una protección inadecuada para las mujeres, afectando tanto su seguridad como la eficiencia de los procesos productivos. La búsqueda de soluciones que garanticen un ajuste óptimo es un reto que no solo incide en la salud de las trabajadoras, sino que también influye en la productividad y en la contratación de personal, al evitar “soluciones caseras” que ponen en riesgo a las personas.
2. Riesgos psicosociales y la doble jornada
El fenómeno de la doble jornada—donde las mujeres combinan responsabilidades laborales con tareas domésticas—exige una revisión de los riesgos psicosociales en el entorno de trabajo. Este desequilibrio incrementa niveles de estrés, fatiga y, en consecuencia, impacta la salud física y mental. El acoso laboral y la violencia de género son realidades que, sumadas a una sobrecarga emocional, demandan medidas preventivas específicas y sensibles a estas condiciones particulares.
3. Diseño de puestos de trabajo y herramientas
La falta de adaptación en el diseño de herramientas y estaciones de trabajo es otro riesgo latente. Muchos entornos laborales continúan sin considerar las diferencias físicas y de ergonomía entre hombres y mujeres, lo que puede ocasionar posturas forzadas y aumentar la incidencia de lesiones musculoesqueléticas. Adoptar soluciones que contemplen estas diferencias es fundamental para prevenir daños y optimizar la salud laboral de todas las personas.
4. Valoración de sectores feminizados
Sectores con alta presencia femenina, como el de la educación, la limpieza o los cuidados, han sido tradicionalmente infravalorados en términos de prevención. Esta desatención conlleva una falta de medidas preventivas específicas y un incremento en la exposición a riesgos laborales. Reconocer y valorar la realidad de estos sectores es el primer paso para diseñar estrategias de prevención que respondan a sus necesidades concretas.
5. La necesidad de una perspectiva de género en la prevención
Incorporar la perspectiva de género en la evaluación y gestión de riesgos laborales es clave para cerrar la brecha existente. No se trata de otorgar un trato preferencial, sino de reconocer que los estándares actuales—como en el caso de sistemas de seguridad vial diseñados para un “hombre promedio”—no se ajustan a la diversidad de personas. Por ejemplo, estudios han demostrado que, incluso utilizando cinturones de seguridad correctamente, las mujeres tienen una mayor probabilidad de sufrir lesiones en accidentes, lo que evidencia la urgencia de repensar los parámetros de diseño.
¿Cómo integrar la perspectiva de género en el día a día de la empresa?
Ante la pregunta de cómo integrar esta perspectiva, presentamos una serie de acciones concretas y aplicables que pueden transformar la cultura de la seguridad en su organización:
Diagnóstico y análisis desagregado:
Recopilar datos y estadísticas de accidentes, evaluaciones de salud y ergonomía desglosados por género.
Realizar auditorías periódicas para identificar riesgos “invisibles” y específicos en cada entorno laboral.
Adaptación de Equipos de Protección Individual (EPI):
Revisar y actualizar la adquisición de EPI para que se adapten a las diferentes morfologías.
Establecer colaboraciones con proveedores que ofrezcan opciones específicas para mujeres.
Ergonomía y diseño de puestos de trabajo:
Ajustar estaciones, herramientas y mobiliario, incorporando estudios ergonómicos que tengan en cuenta las diferencias antropométricas.
Implementar mejoras continuas en el diseño de los puestos para minimizar posturas forzadas y lesiones musculoesqueléticas.
Capacitación y sensibilización:
Incluir la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales en las formaciones.
Sensibilizar a mandos y trabajadores sobre cómo la doble jornada y otros factores pueden afectar la salud, seguridad e incluso eficiencia de las trabajadoras.
Políticas de conciliación y bienestar:
Implantar medidas de flexibilidad laboral que ayuden a gestionar la doble jornada y el estrés asociado.
Desarrollar programas de apoyo que fomenten la salud mental y física de la plantilla.
Prevención del acoso y la violencia de género:
Establecer protocolos claros y canales de comunicación para detectar y actuar ante casos de acoso y discriminación.
Promover un ambiente laboral inclusivo que garantice la denuncia y el seguimiento adecuado de estas situaciones.
Participación activa y representatividad:
Crear comités de seguridad y bienestar con representación femenina para asegurar que las medidas preventivas sean integrales y pertinentes.
Involucrar a todas las áreas de la empresa en la evaluación y actualización de las políticas de prevención.
Conclusión
Adoptar la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales es una estrategia indispensable para construir entornos laborales seguros, inclusivos y productivos. La experiencia acumulada en Prevensis nos demuestra que solo a través de un cambio de mentalidad —desde la adaptación de EPI hasta la reestructuración de puestos de trabajo y la formación continua— podemos alcanzar una transformación real y sostenible.
Invitamos a las empresas a repensar sus estrategias preventivas, incorporando estas acciones concretas que no solo cumplen con la normativa, sino que impulsan una cultura de seguridad integral y adaptada a la diversidad. La seguridad de todas las personas trabajadoras es un compromiso que transforma la eficiencia y la calidad de vida en el ámbito laboral.